28 marzo 2011

46 - ¿GUERRA Y PAZ?

Sí, este es el título de una inmensa novela del siglo XIX, considerada una de las mejores de la literatura mundial, del escritor ruso León Tolstói. Sí, también es el título de una obra del anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon, padre de la corriente económica llamada mutualismo. Sí, también es el título de una película maestra de Vidor, creada en 1956 y cuyos protagonistas, Audrey Hepburn y Henry Fonda eran “la crème de la crème” del elenco de actores de la época. Sí, también es el título que yo le pondría a esta sinrazón en la que nuestro país está metido. En otra época el actual Presidente del Gobierno decía: “La paz es un fracaso” (marzo del 2003) y el entonces Ministro de Defensa, hoy Presidente del Congreso decía: “Prefiero morir antes que matar” (mayo de 2005). Al mismo tiempo los más chic y cool del momento, léase los artistas de Pro, asumieron el papel, que aunque nadie les había dado ellos tomaron, de pacifistas hippies y progres como símbolo de la cultura más racional y moderna que se pueda encontrar, pregonando a los cuatro vientos, en manifestaciones, mítines, teatros, espectáculos, festivales y demás zarandajas su ya famoso NO A LA GUERRA. Pues bien, una acaba por hartarse de tanta hipocresía y de tanto cambio chaquetil. Y que quede bien claro, no estoy a favor de ninguna guerra, sea del bando que sea, y proceda de quien proceda, pero esta actitud clama al cielo.

¿Dónde han quedado esas proclamas? ¿Dónde está ese espíritu pacifista? ¿Dónde se encuentra este país que votó moralmente NO A LA OTAN y, sin embargo, se metió de lleno con los que, al firmar el pacto, nos dejaron con un palmo de narices pensando que así se escribe la historia? ¿Dónde ubicar la conciencia de los ciudadanos de a pie, que siguen a un gobierno dirigido por mentirosos recalcitrantes? ¿Dónde posicionarse cuando parece que a todo el mundo le da igual lo que se haga y que lo que se piense, “mientras a mí no me afecte…”? ¿En qué KAOS moral y ético nos han metido sin dudarlo? A veces pienso que nuestra triste existencia debería tener una salida rápida, un final programado, un botón de off para dejar esta podredumbre de mundo sin sentido.


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