06 abril 2011

49 - ¿Japón, Haití, Indonesia?

El ser humano es, en mi opinión, demasiado previsible. Siente conmiseración por sus congéneres cuando les llegan las desgracias y se olvida de ellos en cuanto se da la vuelta.

Es cierto que debido a la globalización, eso no cabe duda, hoy podemos “visualizar” como nuestras las muertes y damnificados de accidentes, tanto naturales, como provocados por el hombre. Bueno lo de naturales a veces es algo un poco discutible, pues estoy segura de que incluso en los fenómenos naturales se nota el maltrato que el hombre da a todo lo que le rodea. De esa “visualización” surgen sentimientos de angustia, de pena, de sufrimiento por el mal de lo que les sucede a los demás, y la compasión, otrora algo habitual, aflora en esos momentos como un agobio personal y una mala conciencia que nos encoge el corazón.

Sin embargo, la vida sigue. Cierto, sigue para nosotros, porque para esas personas que han sufrido un tsunami, un terremoto o un huracán, la vida se para y a partir de ese momento todo, lo interior y lo exterior, gira entorno al eje de la nada. ¿Nos podemos imaginar en el pellejo de alguna de estas personas? ¿Habiendo perdido casa, dinero, comida, familia, trabajo? ¿Habiendo perdido el mundo hasta ahora conocido y viéndolo arrasado? Seguramente nuestra mente, ese gran desconocido, no sea capaz de hacerlo para no provocarnos un dolor tan intenso como el que ellos tienen, entrando de esta manera en un limbo más sano que nos aleja de la locura.

Nunca he entendido por qué las televisiones, las radios y los periódicos dan este tipo de noticias a bombo y platillo, y sin embargo olvidan el tema a las 2 semanas de haber pasado, que es cuando realmente, después del shock inicial, aparece el día a día de esas personas. A grandes males, grandes remedios. ¿Podemos ser más cutres y más mezquinos cuando desaparecen de nuestra vista estos KAOS? ¿Podemos ser esos seres llorones de entierros ajenos que en realidad no sienten nada por dentro? ¿Podemos dejar al alma que deje de encogerse cuando sabemos que hay tanta miseria en el mundo?

Hace tiempo que no se estila el “examen de conciencia”, eso son cosas antiguas que nos metieron con la religión cuando íbamos a hacer la comunión y ya está, eso son cosas de otra generación, pero ¿no sería lo más natural realizarlo diariamente y darnos cuenta de que el sufrimiento ajeno es una realidad diaria? ¿no sería mejor enviar la energía positiva al saco común de la humanidad, para que esas almas desamparadas y tristes acaben con su penar? ¿o es mucho pedir?

¡Como hemos cambiado! Y no para bien precisamente.










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