849 - CÓDICE VOYNICH. El libro más extraño del mundo

 


Este es el escrito más raro del mundo, el CÓDICE VOYNICH.

Elaborado en el siglo XV, este libro está repleto de imágenes y textos que ningún especialista ha podido descifrar todavía. Aunque parece que cada vez tenemos más pistas sobre su contenido...

La primera noticia de la existencia del Voynich data de 1580, cuando el emperador Rodolfo II de Habsburgo, muy interesado en las ciencias ocultas, la magia y las rarezas de todo tipo, lo adquirió por la elevada suma de 600 ducados a los ingleses John Dee –un mago que decía comunicarse con los ángeles mediante unas piedras– y Edward Kelley, un embaucador.

Huido de Rusia por motivos políticos, el polaco Wilfrid Voynich se trasladó a Inglaterra, donde después de muchas penurias se hizo un nombre como tratante de libros raros. Estaba convencido de que el códice Voynich encerraba conocimientos alquímicos que revolucionarían la ciencia moderna cuando pudiera descifrarse.

La transcripción de un pasaje del libro que John Dee y Edward Kelley regalaron a Rodolfo II ofrece el siguiente resultado: se osam ceetosas qopercetos detetiosus opercetios cetocperetus conllodam ollcet ollcetcius ollcetcius qoceretosas e ocilletosus e oter sauter olletosus ollos ollecetosus os e oter un conllcetius sais llotes oclletos cetollcetus llos cetotes e cetius olletiollos.

Mujeres bañándose

En el manuscrito Voynich aparecen una serie de diagramas circulares zodiacales o astrológicos, grupos de mujeres desnudas bañándose en piscinas, más imágenes astronómicas, una sección "farmacológica"...

Plantas imaginarias 

El manuscrito Voynich se divide en varias "secciones" según el tipo de ilustraciones que aparecen en cada página. La más extensa es la primera, un "herbario" en el que se reproducen diversos tipos de plantas. Las plantas dibujadas son tan enigmáticas como el texto que las acompaña, pues no se han podido identificar con ninguna especie real.


Detalle de un dibujo "astronómico" o "zodiacal"

Ante la aparente incoherencia del Voynich se ha sugerido que se trata de una broma o una estafa. Se ha especulado que fue el propio John Dee, mago, matemático y aficionado al ocultismo, quien hacia 1580 lo creó junto a su socio Edward Kelley, que ya había sido procesado en Inglaterra por falsificar documentos.

Actualmente el Voynich se guarda en la Biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros de la Universidad de Yale. Escrito sobre vitela (pergamino fino), con un total de 232 páginas (faltan algunas y hay otras desplegables), de 22 por 15 centímetros de formato y 5 de grosor, este códice contiene centenares de dibujos y 37.919 palabras con 25 letras o caracteres distintos, pero carece de autor, título, fecha y capítulos. Los análisis mediante carbono 14 han permitido datar la elaboración del pergamino entre los años 1404 y 1434. La letra es del tipo cursiva humanística en caracteres latinos, usada en Europa occidental entre mediados del siglo XV y comienzos del XVI.

¿De dónde viene el manuscrito Voynich?

La primera noticia de la existencia del Voynich data de 1580, cuando el emperador Rodolfo II de Habsburgo, muy interesado en las ciencias ocultas, la magia y las rarezas de todo tipo, lo adquirió por la elevada suma de 600 ducados a los ingleses John Dee –un mago que decía comunicarse con los ángeles mediante unas piedras– y Edward Kelley, un embaucador.

En el siglo XVII el manuscrito pasó por varias manos hasta quedar depositado en el convento franciscano de Mondragone, en Italia, donde en 1912 lo compró el tratante de antigüedades Wilfrid Voynich, de quien toma el nombre. En 1931, su viuda lo vendió a un anticuario neoyorquino, Hans Peter Kraus, que no consiguió revenderlo y terminó regalándolo a la Universidad de Yale en 1969.

Intentos de descifrarlo

Desde el siglo XVI, muchos investigadores han tratado de descifrar el Voynich. Lo intentaron en el siglo XVII el alquimista Jacobus Horcicky de Tepenecz, el bibliotecario imperial Georg Barsche y el profesor de la Universidad de Praga Johannes Marcus Marci. Se envió al jesuita Athanasius Kircher, famoso por sus intentos de descifrar los jeroglíficos del antiguo Egipto, pero aquél no respondió al reto.

Ya en el siglo XX, el profesor Willian R. Newbold, de la Universidad de Pensilvania, intentó descifrarlo en 1921, e incluso llegó a trastornarse por ello. Lo analizaron expertos estadounidenses en gliptografía (estudio de las inscripciones sobre piedra) aplicando algunas técnicas experimentadas en la segunda guerra mundial, y filólogos profesionales y aficionados. Todos fracasaron.

Para intentar descifrarlo se han aplicado técnicas tradicionales, como sustituir una letra por otra o asignarles un valor numérico, pero sin resultado coherente. Se han usado tarjetas perforadas, ya conocidas en 1500 por Girolamo Cardano, y programas de ordenador, que han dado lugar a cientos de miles de combinaciones posibles, también sin resultado. Si se trata de un libro encriptado, sus claves son tan intrincadas que nadie ha conseguido descifrarlas. Por eso se ha sugerido que está escrito en un lenguaje oculto no conocido, al que se ha dado nombre: el voynichés. Y según se desprende de las ilustraciones, el texto contendría relatos esotéricos sobre ritos ocultos; y los dibujos de plantas, astros y mujeres serían símbolos alquímicos.

Algunas propuestas de interpretación del manuscrito han sido realmente estrambóticas. Se atribuyó su autoría al monje inglés Roger Bacon, pero Bacon vivió en el siglo XIII y el Voynich se ha datado en el XV. Se ha especulado que lo escribieron los cátaros; que es una adaptación de un texto ucraniano con letras latinas; que es obra de Leonardo da Vinci, pues parece escrito por un zurdo –Leonardo lo era– y contiene elementos propios del Renacimiento italiano; que lo escribió el arquitecto Filarete a mediados del siglo XV, pues aparece la traza de un edificio similar a la torre del castillo Sforzesco de Milán, que Filarete levantó, y unos dibujos que recuerdan a los tubos de desagüe que este arquitecto diseñó para el Hospital Mayor milanés.

El último de estos intentos parece haber conseguido ciertos adelantos al respecto. Greg Kondrak, un profesor de ciencias de la computación, y Bradley Hauer, un estudiante de postgrado, ambos de la Universidad de Alberta (Canadá), están usando la inteligencia artificial para descifrar el Manuscrito Voynich. Y han descubierto que el hebreo es la lengua de escritura más probable.

El libro misterioso

Sin embargo, hasta este momento, ante la aparente incoherencia del Voynich se ha sugerido que se trata de una broma o una estafa. Se ha especulado que fue el propio John Dee, mago, matemático y aficionado al ocultismo, quien hacia 1580 lo creó junto a su socio Edward Kelley, que ya había sido procesado en Inglaterra por falsificar documentos; en suma, que se trataba de un timo para engañar al emperador Rodolfo II y sacarle una buena cantidad de dinero.

Ante la imposibilidad de traducir su contenido, Gordon Rugg, profesor de Psicología de la Universidad de Reading, insistió en 2000 en la teoría del fraude. Pero la tesis presenta un problema: el manuscrito ya existía un siglo antes de que Edward Kelley lo hubiera podido falsificar. Y si se trataba de una broma, el autor se tomó muchas molestias.

En resumen, aunque sí se han hecho ciertos adelantos al respecto, el Voynich no tiene traducción alguna en ningún idioma conocido, ni se ha hallado la clave que haga posible su comprensión, si es que existe. Además, la disposición de lo escrito no responde a las normas que rigen la estructura semántica de cualquier idioma: muchas palabras se repiten, en ocasiones hasta tres veces en la misma línea y quince en la misma página (por ejemplo "ollcet, ollcetcius, ollcetcius..."). En cambio, sí respeta algunas normas formales, como que está escrito de izquierda a derecha, aunque carece de signos de puntuación –algunos párrafos van precedidos de estrellas y asteriscos–. El texto también cumple la llamada ley de Zipf, que señala que "en las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional al número de veces que aparecen".

Quizás el mayor misterio gráfico que presenta es que parece escrito por una sola mano, con trazo fluido y seguro, letras homogéneas y muy regulares, prácticamente idénticas, sin un solo error, algo extraordinario en un manuscrito. ¿Se escribió usando una plantilla o un sistema de matrices para trazar letras y palabras? El enigma quizá nunca se resuelva.

848 - ¿Un hindú en la corte del faraón?

El Valle de los Reyes, cerca de Luxor, es uno de esos lugares históricos cuyos faraones, dinastías, tumbas excavadas en roca y paredes cargadas de símbolos nos siguen fascinando a día de hoy. Pero, de vez en cuando, la arqueología nos recuerda que la vida cotidiana (y los impulsos más humanos) también deja huella. Es el caso de Cikai Korran, un visitante indio que hace unos 2.000 años, en plena época romana, decidió inmortalizar su paso por aquellas galerías sagradas con una frase que podría ser la antecesora directa del 'yo estuve aquí': "Cikai Korran estuvo aquí y lo vio".

Lo extraordinario no es solo el gesto, tan reconocible para cualquier turista actual, sino quién lo hizo y en qué lengua lo escribió. Según han revelado los investigadores, decenas de grafitis hallados en seis tumbas del Valle de los Reyes están escritos en antiguas lenguas de la India, con especial protagonismo del tamil antiguo.

El autor más insistente, un tal Cikai Korran, dejó su nombre hasta en ocho ocasiones en cinco tumbas diferentes. Estas inscripciones aportan una evidencia directa de que viajeros del subcontinente indio no solo llegaron a los puertos del mar Rojo, sino que se adentraron en el valle del Nilo para visitar monumentos tan célebres como estos. En otras palabras: hubo turistas indios en el Egipto romano.

¿Quién era Cikai Korran?
El protagonista involuntario y graffitero impenitente de esta historia es Cikai Korran. No sabemos quién fue con certeza. La lengua sugiere un origen del sur de la India, pero su identidad social es una incógnita. Pudo haber sido un mercader, un mercenario... lo que sí está claro es que no se conformó con firmar discretamente. Korran quería que su presencia quedara por encima de las demás, literalmente; y por eso lo escribió tantas veces. Sin ir más lejos, en la tumba de Ramsés IX (que reinó aproximadamente del 1126–1108 a.C.), uno de sus grafitis aparece a 5-6 metros de altura por encima de la entrada. El cómo consiguió subirse ahí arriba es otra incógnita más.

No fue el único
Korran fue el único 'grafitero' milenario. Entre los textos identificados por los arqueólogos aparece una inscripción en sánscrito firmada por Indranandin, que se presenta como 'mensajero del rey Kshaharata' (una dinastía que gobernó parte de la India en el siglo I d.C.). Los expertos apuntan que este mensajero real pudo haber llegado por mar a Berenike, un puerto del mar Rojo, y desde allí viajar hacia el interior, quizá incluso rumbo a Roma; un detalle que encaja con el hecho de que el Egipto romano mantenía conexiones comerciales intensas con el océano Índico.

Pero esto no es todo. En una de las tumbas con textos en griego, tamil y sánscrito, el equipo indica que algunas inscripciones indias hacen referencia al contenido de grafitis griegos. Esto sugiere también competencia cultural; es decir, quienes escribieron allí podían leer (y responder a) lo que otros visitantes habían dejado antes en griego.

¿Y por qué no se habían reconocido antes?
Pues lo cierto es que nadie estaba mirando con las herramientas adecuadas. El motivo principal por el que estos textos han pasado desapercibidos durante tanto tiempo es que muy pocos especialistas en lenguas de la India estudian grafitis en Egipto, mientras que los grafitis griegos y arameos llevan mucho tiempo siendo reconocidos y analizados. Así las cosas, estas inscripciones demuestran no solo la presencia de indios en Egipto, sino su interés activo por la cultura local, y abren la puerta a encontrar más textos similares en otros lugares.

¡¡¡Y pensábamos que pintar paredes con nuestros nombres era una cosa de hoy!!!