861-El misterioso cuaderno de MOZART

Esta es una noticia, casi, casi de hoy mismo. Una noticia que nos ayuda a pensar que todo no está descubierto, que faltan muchas cosas por conocer de nuestra historia y que adentrarse en ella es tan flipante como hacerla.

En febrero de 2026, François-Pierre Goy, conservador de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF),  identificó en París un manuscrito inédito de Mozart escrito en 1778 cuando examinaba un cuaderno de música anónimo y sin título. Entre las caligrafías del documento, Goy reconoció la de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Se trata de un cuaderno de 44 páginas que reúne las lecciones de composición que el compositor impartió durante su última estancia en Paris para su alumna Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes (1759-1795), una arpista consumada e hija del duque de Guînes.

Goy pidió la opinión de una colega musicóloga que era jefa del servicio de Iconografía y Documentación del departamento de Artes del Espectáculo de la Biblioteca., la cuál confirmó su hipótesis.

En abril de 2026, Armin Brinzing, director de la Biblioteca Mozartiana del Mozarteum de Salzburgo, también examinó el manuscrito y validó la atribución.

El papel francés y el contenido del cuaderno permitieron vincularlo con las clases diarias que Mozart impartió en París de mayo a julio de 1778. Así, el documento es el testimonio más antiguo que se conserva de su forma de enseñar composición.

El padre de la alumna, Adrien-Louis de Bonnières de Souastre, duque de Guînes (1735-1806), era un flautista reconocido y encargó a Mozart el Concierto para flauta y arpa K. 299. Convencido del talento de su hija, el duque quería que ella compusiera «grandes sonatas» para los instrumentos de ambos.

Durante su etapa como embajador en Londres, entre 1770 y 1776, el duque adquirió una flauta capaz de tocar el do grave. En París, ese instrumento era raro o incluso considerado único, ya que las flautas solo bajaban hasta el re. Tanto el concierto K. 299 como las piezas del cuaderno tienen como destino esa flauta.

El cuaderno recoge los tipos de ejercicios que Mozart describió con detalle en una carta a su padre del 14 de mayo de 1778. En esa misma carta, el compositor lamentaba la falta de ideas musicales de su alumna.

Salvo algunos ejercicios que anotó por completo la propia alumna, la mano del maestro y la de Marie-Louise-Philippine de Guînes se alternan en todo el manuscrito. Seis de las siete piezas para flauta y arpa están completas y podrían ampliar el repertorio para esa combinación de instrumentos.

Esas piezas, que parten siempre de una idea de Mozart, podrían matizar el juicio tajante que el compositor emitió en una carta del 9 de julio sobre la «incapacidad de su alumna para componer».

Las clases terminaron con la boda de la joven, el 26 de julio. El último ejercicio del cuaderno quedó inacabado y las seis últimas páginas están en blanco. Por eso, el documento corresponde probablemente a las últimas lecciones que Mozart le dio a la joven.

Noticias así hacen que creamos que no todo está perdido, que la Historia nos está esperando detrás de cualquier sitio, sea biblioteca o sea desván.

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