855 - MENTIR? parece que está de moda

Hace poco oí otra vez la frase atribuida a Joseph Goebbels "Una mentira repetida 1.000 veces se convierte en verdad"

Esta táctica psicológica y propagandística explica cómo la repetición constante de un mensaje hace que nuestro cerebro lo perciba como familiar y, por tanto, como verídico, sin importar si es real o falso.

La mente humana ahorra energía y al escuchar algo varias veces, le resulta más fácil de procesar y recordar. Lo que se confunde erróneamente con una prueba de que es verdad.

Buscando información que me ayudase a comprender la necesidad de mentir, y cómo nos tragamos tantas y tantas mentiras de políticos, dirigentes, amigos-as, compañeros-as de trabajo y conocidos-as, he llegado a estos artículos que me han parecido francamente interesantes, sencillos de comprender y directos.

DESCUBRIR UNA MENTIRA

CÓMO DETECTAR MENTIRAS

CÓMO DESENMASCARAR UNA MENTIRA

5 TIPS PARA DETECTAR LAS MENTIRAS

854 - ¿NO TIRAS NADA? este es el porqué

 

Hay personas que acumulan de todo en su casa y lo acumulan de forma compulsiva.

Pero también hay personas que aún teniendo una gran acumulación de cosas, lo hacen porque son un regalo, porque les recuerda a alguien, porque forman parte de su acerbo cultural, porque son recuerdos de su vida,...

Otras personas acumulan cosas, no porque tengan un síndrome de Diógenes, ya que pueden tirar las cosas en el momento que quieran. Son personas que no tiran nada, pero no tienen problemas para desprenderse, sino que viven en el ‘por si acaso’.

Quienes conservan este tipo de objetos suelen proyectarse constantemente hacia escenarios futuros, imaginando situaciones donde aquello que hoy parece inservible podría recuperar su utilidad. Más que una simple acumulación, esta conducta revela un mecanismo psicológico de anticipación vinculado a la gestión de la incertidumbre. 

Desde esta perspectiva, las pertenencias dejen de ser meros objetos para convertirse en marcadores identitarios; por ello, desprenderse de ellas se experimenta como una pérdida simbólica de uno mismo. 

Al final, el miedo a enfrentarse a un imprevisto sin recursos, sumado a este profundo apego emocional, confluye en el desarrollo de una sensibilidad especial hacia el valor potencial y el significado de las cosas.

El pensamiento anticipatorio no consiste en predecir el futuro, sino en prepararse para él. Al proyectarnos hacia el mañana, no intentamos adivinar con exactitud qué sucederá, sino activar nuestra capacidad de adaptación. En última instancia, esta habilidad no es un acto de clarividencia, sino un rasgo evolutivo y una de las mayores expresiones de la inteligencia humana.

El viejo mito de la nostalgia: Durante mucho tiempo se la juzgó como una emoción pasiva, casi una trampa mental que delataba la dificultad para adaptarse al presente.

La realidad psicológica: Investigaciones recientes demuestran lo contrario. Recordar el pasado con afecto es, en realidad, un potente estabilizador emocional. Cuando abrimos una caja llena de objetos de la infancia, no estamos intentando quedarnos a vivir en el ayer; estamos recurriendo a un anclaje. Lejos de ser un lastre, los expertos definen hoy la nostalgia como un "recurso psicológico" dinámico, capaz de mitigar la soledad, inyectar optimismo y devolvernos el sentido de pertenencia cuando el presente se vuelve difuso.

Es fundamental diferenciar la tendencia natural a conservar objetos de los casos donde la acumulación genera un malestar significativo. 

Guardar cosas por apego emocional o prevención no implica un problema psicológico en sí mismo; la clave radica exclusivamente en el impacto que esta conducta tiene sobre el bienestar y el funcionamiento diario. Mientras conservar recuerdos no perjudique la calidad de vida ni el espacio vital, es una conducta perfectamente saludable. Sin embargo, cuando los objetos empiezan a invadir el día a día e interfieren con la rutina, es el momento de encender las alarmas y considerar la ayuda profesional.

¿Eres una persona de este tipo? Conozco a muchas que sí lo son, y yo en parte también. El "Por si acaso" y el valor afectivo de algunos objetos a veces me hacen reflexionar y pensar en qué es lo que tengo que hacer, tirar todo o mantenerlo. 

853 - MY WAY no sólo una canción

Nunca una canción tan simbólica y en permanente actualidad, sobre todo en los funerales, ha sido tan controvertida.

Vamos al tejemaneje.

En 1967 el cantante y compositor Claude François compuso una canción de desamor tras la ruptura con Isabelle Geneviève Marie Anne Gall, France Gall, de profesión... mocatriz (modelo, cantante y actriz).

En aquella época David Bowie trabajaba de letrista para una editora musical que traducía canciones en otros idiomas,  y ese fue su encargo. 

La canción que Claude François compuso se titulaba COMME D'HABITUDE. La letra que Bowie propuso en inglés, EVEN A FOOL LEARNS TO LOVE no gustó, no tuvo repercusión. Paul Anka, a su vez, hizo otra versión de la letra, que Frank Sinatra llevó al éxito más absoluto.

Bowie odiaba esta versión, la suya se había desechado sin explicaciones y ahora el éxito era el de otros.

Todo tiene su medida, y la opinión siempre debe ser particular. Por lo que dejo las 3 versiones, francés, inglés Bowie, inglés Sinatra. Ahora a disfrutarlas.

CLAUDE FRANÇOIS




DAVID BOWIE




FRAN SINATRA

852 - EL SILENCIO CREA NEURONAS NUEVAS. HAZ LA PRUEBA

 

Tres días de silencio sin música, conversaciones ni notificaciones te cambian por dentro: menos cortisol, más claridad y hasta neuronas nuevas en el hipocampo. Esto es el resultado de no situarse en el centro del tráfico, avisos del móvil, voces de fondo, ruido ambiental, conversaciones, música de ascensor, vídeos de RRSS... 

El cerebro se pasa el día filtrando, priorizando y vigilando, pero si todo esto desaparece sólo durante 3 días...

En 2013 un equipo de investigadores observó qué pasaba si unos ratones pasaban dos horas al día en silencio dentro de cámaras insonorizadas. El resultado fue llamativo, aparecieron células nuevas en el hipocampo, una zona clave para memoria, emoción y aprendizaje. El hallazgo sorprendió aún más porque el silencio superó a otros sonidos, ruido blanco, música e incluso llamadas de crías, a la hora de favorecer la neurogénesis, el proceso de crear nuevas neuronas.

Tres días de silencio para regenerar el cerebro

La investigadora principal, Imke Kirste ha dicho: “Hemos observado que el silencio realmente ayuda a las nuevas células generadas a diferenciarse en neuronas e integrarse en el sistema”. Si esto ocurre en ratones con 2 horas al día, ratones con pequeños cerebros que sufren cambios significativos, ¿qué podría hacer una inmersión de tres días en uno más grande?

La Organización Mundial de la Salud ha descrito la contaminación acústica como una “plaga moderna”. El ruido activa los circuitos emocionales del cerebro como la amígdala, que detecta las amenazas, y puede disparar cortisol incluso cuando estás intentando dormir. Ese goteo de estrés tiene consecuencias. Vivir cerca de una carretera, por ejemplo, se ha asociado con mayor riesgo de hipertensión, problemas cardiovasculares y efectos cognitivos, especialmente en niños.

El silencio funciona como contrapeso fisiológico. Un estudio de 2006 observó que dos minutos de silencio, después de escuchar música, reducían más la frecuencia cardiaca y la presión arterial que la música lenta. Es como si el cuerpo reconociera el corte de estímulos como una señal de seguridad, y aflojara la tensión.

En la cabeza también se nota. Un estudio con 59 participantes encontró que quienes trabajaban en silencio soportaban menos carga cognitiva y registraban menos estrés que quienes tenían conversaciones u otros ruidos de fondo. 

Los tres días, según relatan muchas personas que hacen retiros de silencio, tienen una curva curiosa. La primera jornada suele amplificar la voz interna, como si te subieran el volumen de pensamientos pendientes, dudas y planes. En vez de ser un fallo, se parece más a abrir el buzón y ver, por fin, los correos sin leer. En la segunda jornada el cerebro deja de pelear contra el vacío. El sistema auditivo, acostumbrado a filtrar basura sonora, descansa, y empiezas a percibir detalles mínimos, el aire al entrar por la nariz, el roce de la ropa, el ritmo del corazón. La tercera suele traer claridad y un tipo de creatividad que no siempre aparece en la oficina. Sin ruido ni pantallas, se rompe la “atención parcial continua” de la vida digital, y el cerebro recupera tiempo de procesamiento. Algunas personas encuentran soluciones que llevaban meses atascadas, como si el silencio fuera un escritorio limpio donde por fin caben las ideas.

No todo el mundo lo tolera igual. Para quienes viven enganchados a estímulos, la quietud prolongada puede disparar ansiedad, y conviene entrar poco a poco. Aun así, en un mundo que no calla, el silencio se ha convertido en una forma radical de autocuidado.

Una vez comprendido el proceso sólo nos queda hacer la prueba. Aprovechando un fin de semana largo, unas vacaciones o un descanso casero podemos empezar a probar con tiempos cada vez más largos hasta que lleguemos a los 3 días.

Yo ya estoy en ello.